Desde el 2011, ya es un lugar común hablar de la disociación entre lo político y lo social, de la crisis de representación política abierta por los Estudiantes en las calles, dominando la agenda política por sobre los causes institucionales.
Esta disociación entre lo político y lo social, sobre la que descansa la actual democracia entra en crisis por que simplemente no puede tolerar la existencia de actores sociales que por fuera de la lógica delegativa y representativa individual del sistema político, presionen directamente por sus demandas.
Entra en crisis de legitimidad porque todo su andamiaje institucional y social esta pensado en impedir la articulación de Actores Sociales que pongan en cuestión a la clase política (Alianza-Concertación) y los intereses empresariales que están tras ella. Actores sociales que cambian las reglas del juego político representativo individual, el cual disociado de lo social y tras 20 años de ejercicio, cuenta con importantes dosis de deslegitimación en una sociedad con profundas desigualdades y abusos.
Basta ver la irrupción episódica del Movimiento Estudiantil desde 1995 a la fecha, con años de ofensiva y reflujo y que en el 2011 madura en un esfuerzo de transformación estructural de la educación, abriendo una crisis política que cierra el ciclo político iniciado en 1988.
Sin embargo, los Estudiantes que han sintonizado con el clamor ciudadano, no bastan, ni cuentan con un proyecto de transformación de sociedad. Son un embrión de cambio que dada la despolitización y desorganización de sectores mayoritarios de la población, solo podrá avanzar en sus propuestas en la medida que trabaje por articular una amplia alianza social que construya y sostenga un proyecto de sociedad alternativo al presente. Por lo que sus apuestas deben ir orientadas a fortalecer el vínculo del Movimiento Estudiantil con la Sociedad.
En este contexto, de una clase política deslegitimada, con un gobierno al cual adversan sectores ampliamente mayoritarios del país y con la despolitización reinante en la población, es que se posibilita por parte de la clase política un nuevo pacto social, una solución gatopardista que sostenga lo fundamental del modelo económico y su institucionalidad. Y esa posibilidad se abre en la medida que no se articula una expresión política de las demandas sociales que hoy Estudiantes y Ciudadanía sostienen.
Tanto más se demoren los Movimientos Sociales en lograr una articulación política propia autorepresentandose, tanto mas se cierne sobre todos la posibilidad de un rearme de la clase política por los próximos 20 o 30 años.
Y es que la ausencia de una alternativa plausible, frente a un gobierno que casi nadie quiere, abona el terreno para espejismos como el del regreso de Bachellet. Este espejismo sustentado por la vieja guardia concertacionista, no solo tiene un sostén en la gestión del gobierno Aliancista que se mira el ombligo y dilapida recursos públicos en publicidad para hacernos creer que es bueno y eficiente...sino en el mito que Bachellet pueda representar las demandas sociales que impulsan los Estudiantes y la ciudadanía.
Punto mas que discutible cuando desde ONU Mujer, la ex presidenta nada a dicho sobre temas como Hidroaysen, las Termoeléctricas,la Educación Gratuita, Pública y con Control Comunitario...y nada ha dicho para no desgastar su capital político construido en otro escenario.
Y el problema para los que se ilusionan o quieren vender humo, es que Bachellet es parte de la Clase Política y no solo eso: en su gobierno demostró estar en contra de las demandas por Educación Gratuita, se instalo la LGE, se implementó el CAE y se mantuvo el crédito CORFO. Y no solo eso, fue bajo su gobierno que se dio pie al proyecto de Hidroaysen y las Termoeléctricas florecieron por todo Chile como callampas...para ponerse a la cabeza de las demandas de los Movimientos Sociales en primer lugar Bachellet debiera romper con buena parte del entramado de intereses empresariales y políticos que la apoyan, sin ir mas lejos con la propia Concertación y eso es más que poco probable.
Las cuentas alegres que las cúpulas concertacionistas sacan con los resultados de las encuestas sobre la figura de Bachellet en EEUU, debieran aminorarse en la medida que su vuelta significará posiciones políticas, respuestas que la pondrán necesariamente en la vereda del frente de los Movimientos Sociales, que es un actor político en formación con el cual no cuentan.
Los Movimientos Sociales por su parte, tienen una oportunidad histórica de configurar un proyecto de sociedad alternativo, en sus manos está la posibilidad de profundizar la crisis de representación política, impulsando las luchas sociales y constituyendo un espacio de confluencia que ponga los pilares de un nuevo Chile.


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